Ayer viví un evento que fue bastante estresante, en el que sentí muchas emociones de esas incómodas, dolorosas, difíciles. El hecho fue que Juan Fran (4) se abrió la frente al chocar con otro niño. Yo no estaba con él y me entero por una gran amiga que me recibe luego que salgo de jugar un partido de tenis en una competencia, y me dice:

“Mira chama (es venezolana ☺ ), ven, tú tranquila, Juan Fran está bien ahora, pero hace un ratico se abrió la frente chocando con otro niñito, mira su foto. Ya lo limpiaron pusieron hielo y está con su nana. Román ya sabe y va en camino para llevarlo a la clínica. Yo ya hablé con un cirujano infantil buenísimo, amigo mío que los espera allí. Te llamé un uber que está llegando en 3 minutos.” (yo sólo la miraba y respiraba tratando de entender todo mientras ella siguió dándole forma con palabras) “Sé que vas a empezar a culparte y sentirte mal, pero esto puede pasarle a cualquiera, en cualquier momento. No lo hagas. Lo más difícil es estar acá y él allí, lo sé, pero tranquila en 20 minutos máximo estás con él y tienes toda la noche para apachurrarlo.”

Terminó de hablar y sentí las lágrimas en mis ojos, y me permití soltarlas… estaba TRISTE, eso era. Sí la culpa me pasó por la mente, pero no me quedé allí, mi amiga ya me había preparado para sentir lo más profundo: la tristeza por no estar en ESE momento con él. Al instante le di un abrazo, le agradecí y me subí al uber.

Le digo que íbamos a la clínica mientras mensajeo a mi esposo que estoy en camino. Le cuento al conductor lo que había pasado y me empieza a decir:

“Usted tranquila, estas cosas pasan, yo tengo dos hijos, ya grandes y muchos de estos temas de cortes y todo se arregla, hasta me cosieron la lengua una vez, ¡imagínese! Lo importante es que respire profundo y esté tranquila porque así yo también estoy tranquilo y la llevo lo más rápido y segura posible.” En cuanto me dijo eso, le respondí que yo medito y eso me ayuda, así que le pedí apagar la radio y me puse una meditación de la app CALM sobre el fracaso. Elegí esa porque me sonó que necesitaba volver a mí y procesar todo, la reciente derrota en el tenis, el estar lejos de mi hijo cuando le pasó algo feo

 

Cuando ya terminaba la meditación, no pasaron ni 11 minutos y yo ya había llegado, antes incluso que mi Juan Fran. Salgo del auto agradeciéndole al señor del uber con esta idea:

La derrota es una victoria, porque yo soy valiente y me hago cargo de lo que siento, de aprender y de superar lo que sea.

En la clínica llegué y me fueron guiando por el lugar, acompañándome inclusive por los pasillos que al no conocerlos me resultaron laberínticos. Llegué a manos de un hombre amabilísimo que me dice: “Venga siéntese tranquila, aprovechemos que espera a su hijo para que me dé sus datos y firme estos papeles del seguro, así ya luego es inmediato.” Y al terminar me lleva con la pediatra de turno, justo cuando entraba mi esposo con mi hijo en brazos y mis hijas que acompañaban a su hermano. Ellas volvieron a casa sabiendo que estaba en buenas manos su hermano y nos quedamos con él.

El cirujano llego en 3 minutos, luego que la pediatra amorosa lo vio y el habló tranquila. Y ese hombre, un ángel, conectó con Juan Fran, y conmigo que estaba a su lado, le preguntó por sus animales favoritos, a mí por mi país de origen, le explicaba lo que hacía, y cuando se puso tan nervioso que quería moverse y salir, le hablaba suave al oído y le decía que era muy breve lo que tenía que hacer y que cuanto más tranquilo estuviera más rápido sería. Como mucho 5 minutos (terribles, tipo película del exorcista tratando de tenerlo quieto para que lo cosiera el médico) y listo pasó todo, cargado en mis brazos, con mimos y a casa a dormir.

 

Cuento TODA la historia porque extraigo lo siguiente: GRACIAS que me/nos pasó esto. En TODO momento me sentí acompañada, por mi amiga, por el conductor de uber, por mi esposo, por el de admisiones de la clínica, por la enfermera, por el médico, y hasta por mi contrincante de tenis que me había escrito para saber como había ido todo. Nunca me di cuenta hasta ahora lo que es saber RECIBIR ayuda y dejarme AMAR por todos a mi alrededor.

 

Lo único que requirió de mí fue apertura, vulnerabilidad y conexión conmigo y con los otros. Yo sólo conté los hechos y como me sentía, y los otros fueron guiándome para lograr estar en paz y sintiéndome contenida.

 

Es hermosa la vida cuando estamos abiertos, conectados y nos permitimos sentir esa vulnerabilidad. Nos llena de amor y ángeles que vienen a darnos una mano.

Uno de mis valores principales, que también es una fortaleza, es la FÉ: el creer en la bondad y perfección del universo, en que todo tiene sentido, aunque duela, y que el AMOR nos une a través de todo lo que creemos que nos separa. Ayer fue una muestra de cómo esta fortaleza mía me permitió dejarme llevar y acompañar por otros.

Claro que tuve un rol protagónico, sobretodo conmigo misma, con mi mente que no dejaba de tirar subtítulos ( “no deberías haber ido a jugar tenis en la noche… tendría que haber usado casco…sos muy descuidada… encima perdiste el partido!, nada te sale bien…etc….), que sólo me llenaban de ansiedad, culpa, aislamiento.
Al meditar, por solo 9 minutos en el taxi, recuperé el contacto con el presente, con mi respiración, con toda la bondad de lo que me rodeaba. Descubrí que esos subtítulos NO eran reales. Yo soy una gran mamá y persona.
Juego tenis porque lo disfruto, y también porque me da un campo para manifestar mi poder físico, desafío mi mente, y aprendo a la vez que conozco y conecto con otras personas.  Y yo sé que había perdido con dignidad, dando todo de mí. Y lo que le pasó a Juan Fran con su nana podría haberme pasado a mí, ya con 4 años y usando el scooter desde los 2, miles de veces salió sin casco, y bueno esta vez fue LA vez. Pero podría haberse lastimado otra parte del cuerpo, el casco ayuda pero no previene todo.

 

En la vida, y sobre todo en la maternidad (y paternidad), hay muchos momentos donde nos sentimos sol@s y aislad@s con nuestros pensamientos tortuosos o no compartimos por miedo a lo que dirán o a no molestar al otro con nuestras penas. Aún no conozco ser humano que no disfrute de ayudar a otro, y se sienta pleno al hacerlo.

 

De los males existenciales, luego de la inevitabilidad de la muerte, está el aislamiento y sentirnos solos. La cura es la CONEXIÓN y el coraje para mostrarnos VULNERABLES.

 

Te dejo para que reflexiones sobre esto y lo apliques a tu vida:

  1. Piensa en un tema que te preocupe o genere molestia (incomodidad, dolor).

  2. Declárate 100% responsable por ese tema (aunque sea generado por algo externo, declaras que eres capaz de responder ante eso de acuerdo a tus valores)

  3. Empieza a contarlo a personas que te cruzas (conocidas o no), y escucha sus palabras.
  4. Pide ayuda concreta a alguien que crees podría ayudarte.

  5. Extrae la sabiduría y amor detrás de esos que te ayudan con tu tema.

  6. Cuando puedas trascender o algo haya cambiado en tu nivel de incomodidad / preocupación con el tema, dedica tiempo a reflexionar y destacar qué te ayudó a resolverlo y qué aprendiste en el camino. No importa que no esté 100% resuelto pero ese pequeño acto de reflexionar sobre qué te ayuda a superarlo, podrá convertirse en una herramienta para seguir usando en pos de trascenderlo.

Cuéntame cómo te va con esto y ya sabes dónde encontrarme.

 

Te leo.

Con gratitud y amor,

 

Denise Dziwak. Biografia.Denise Dziwak trabaja como coach, consultora de negocios, conferencista y autora, habiendo publicado recientemente su libro Florecer en Familia. La Casa Interior. Si quieres trabajar con Denise puedes ver su programa de coaching para Florecer junto a tus HIJOS AQUÍ.

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